martes, 7 de enero de 2020

El fin del sueño americano en Ecuador



En la actualidad, la población del mundo sabe, o al menos sospecha, en manos de quién o quiénes está el poder político, económico y hasta cultural. Pero, para no dejar en la ignorancia a algunos o con la duda a otros, daré una pista. Se trata de un país en específico y un grupo reducido de personas económicamente poderosas. Sí, seguro ya se lo están imaginando. Desde los años 80’ hasta aproximadamente los 2000, dos palabras estaban presentes en la vida de las personas que buscaban mejorar sus condiciones de vida en un país que prometía ser la tierra de las oportunidades. Todos ellos querían el sueño americano, ese que prometía una familia feliz, con un techo sobre sus cabezas, un medio de transporte propio y una mascota que alegrara sus días. Con millones de personas en la decadencia, entre ellos miles de ecuatorianos, ¿cómo no podía resultar tentadora esa promesa? Y con esa luz que iluminaba sus caminos, emprendieron el viaje hacia los sueños.
Sin embargo, años de experiencia, el nacimiento de una nueva generación y análisis de expertos, entre otros, han dado como conclusión la caída de este sueño americano como un ideal verdadero y alcanzable. El sistema se ha encargado de esconder muy bien sus estrategias para mantener la desproporcionalidad de la riqueza del mundo, dejando al 99% de la población al servicio perpetuo del 1% que controla la economía, la política y por qué no, hasta la cultura. Según el afamado lingüista estadounidense Noam Chomsky, entre algunas de las estrategias, que él llama principios, que utilizan está: la reducción la democracia, puesto que es un peligro dejar ese poder en manos de la mayoría de la sociedad; atacar la solidaridad para evitar que una persona se preocupe por el bienestar de otras; dirigir las instituciones reguladores para siempre mantener el control, entre otras y con único objetivo de mantener a la plebe bajo control.
Lamentablemente, no bastó con llevar este pensamiento a su país, sino que logró con éxito instaurarlo en diferentes países alrededor del mundo, uno de ellos Ecuador. Así controló por varias décadas quién estaba en el poder, logrando así dirigir el destino del país hacia una situación favorecedora a su país. La población ecuatoriana se ha vuelto cada vez más individualista, preocupándose por el bienestar propio y dejando de lado lo demás. Ya desde las protestas de 12 días de octubre del año pasado, se comenzaron a ver la división de la población que luchaba por los derechos de todos y los que desde sus hogares los acusaban de terroristas y “vagos que no quieren trabajar”. Que a Ecuador se le saque adelante trabajando, como decía la campaña protagonizada por personajes de importancia pública del país, tal vez no está a discusión. Lo que está a discusión es cuánto más y quiénes serán los que tengan que trabajar para que pocos puedan darse lujos que la mayoría de la población no puede ni siquiera permitirse imaginar. Como dice un testimonio en el libro El Hambre de Martín Caparrós, “Para qué lo voy a imaginar, si sé que nunca lo voy a tener. Sería como torturarme a mí mismo”.
Tenemos que luchar por posicionar pensamientos con sentido común, porque como reflexiona Chomsky, “En el neoliberalismo, el gobierno es el problema, no la solución”. El sistema, encabezado por pocas personas, está luchando en nuestra contra, lo más lógico y justo es que nosotros también luchemos contra él.

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