En la actualidad, la
población del mundo sabe, o al menos sospecha, en manos de quién o quiénes está
el poder político, económico y hasta cultural. Pero, para no dejar en la ignorancia
a algunos o con la duda a otros, daré una pista. Se trata de un país en específico
y un grupo reducido de personas económicamente poderosas. Sí, seguro ya se lo
están imaginando. Desde los años 80’ hasta aproximadamente los 2000, dos palabras
estaban presentes en la vida de las personas que buscaban mejorar sus
condiciones de vida en un país que prometía ser la tierra de las oportunidades.
Todos ellos querían el sueño americano, ese que prometía una familia feliz, con
un techo sobre sus cabezas, un medio de transporte propio y una mascota que
alegrara sus días. Con millones de personas en la decadencia, entre ellos miles
de ecuatorianos, ¿cómo no podía resultar tentadora esa promesa? Y con esa luz
que iluminaba sus caminos, emprendieron el viaje hacia los sueños.
Sin embargo, años de experiencia,
el nacimiento de una nueva generación y análisis de expertos, entre otros, han
dado como conclusión la caída de este sueño americano como un ideal verdadero y
alcanzable. El sistema se ha encargado de esconder muy bien sus estrategias
para mantener la desproporcionalidad de la riqueza del mundo, dejando al 99% de
la población al servicio perpetuo del 1% que controla la economía, la política
y por qué no, hasta la cultura. Según el afamado lingüista estadounidense Noam
Chomsky, entre algunas de las estrategias, que él llama principios, que utilizan
está: la reducción la democracia, puesto que es un peligro dejar ese
poder en manos de la mayoría de la sociedad; atacar la solidaridad para evitar
que una persona se preocupe por el bienestar de otras; dirigir las
instituciones reguladores para siempre mantener el control, entre otras y con único
objetivo de mantener a la plebe bajo control.
Lamentablemente, no bastó con
llevar este pensamiento a su país, sino que logró con éxito instaurarlo en diferentes
países alrededor del mundo, uno de ellos Ecuador. Así controló por varias
décadas quién estaba en el poder, logrando así dirigir el destino del país hacia
una situación favorecedora a su país. La población ecuatoriana se ha vuelto
cada vez más individualista, preocupándose por el bienestar propio y dejando de
lado lo demás. Ya desde las protestas de 12 días de octubre del año pasado, se
comenzaron a ver la división de la población que luchaba por los derechos de todos
y los que desde sus hogares los acusaban de terroristas y “vagos que no quieren
trabajar”. Que a Ecuador se le saque adelante trabajando, como decía la campaña
protagonizada por personajes de importancia pública del país, tal vez no está a
discusión. Lo que está a discusión es cuánto más y quiénes serán los que tengan
que trabajar para que pocos puedan darse lujos que la mayoría de la población
no puede ni siquiera permitirse imaginar. Como dice un testimonio en el libro
El Hambre de Martín Caparrós, “Para qué lo voy a imaginar, si sé que nunca lo
voy a tener. Sería como torturarme a mí mismo”.
Tenemos que luchar por
posicionar pensamientos con sentido común, porque como reflexiona Chomsky, “En el neoliberalismo, el gobierno es el problema, no la solución”.
El sistema, encabezado por pocas personas, está luchando en nuestra contra, lo
más lógico y justo es que nosotros también luchemos contra él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario